Y es que este pequeño pueblo, que ronda los 200 habitantes, es muy famoso por ser el origen de uno de los quesos franceses por excelencia: el queso camembert.
Por ello, no es de extrañar que, a pesar de su reducida extensión, se creara un museo que conmemorara a este excelente producto.
Decidieron restaurar una antigua casona de finales del siglo XVIII, que podemos encontrar en el centro del pueblo, que recibió el nombre de la Maison du Camembert.
Un queso de leyenda
Este pintoresco pueblo situado a 160 km de París, cuenta con amplios pastos verdes de los que se alimentan las vacas cuya leche sirve para producir este delicioso queso. Estos parajes consiguen que la leche sea muy cremosa y aromática.
Y es que cuenta la leyenda, que una granjera que vivía a las afueras de Manoir de Baumoncel, fue la primera persona que elaboró el queso camembert gracias a que el sacerdote Charles Jean Bonvoust le facilitó la receta del queso brie.
Marie, decidió perfeccionar este queso hasta dar con la receta que hoy todos conocemos y que llegó a conquistar al mismísimo emperador Napoleón III, el cual no podía resistirse a consumirlo diariamente.
Un queso mundialmente conocido
El queso camembert con su corteza blanda y su gran aroma, pronto traspasó las fronteras de Normandía.
En gran parte, fue gracias a los soldados de la Primera Guerra Mundial, que lo solían consumir diariamente en su ración de comida.
Si visitas la Maison du Camembert, además, podrás degustar las diferentes variedades y compararlas entre sí, apreciando todos los sabores que le aporta la leche de vacas normandas.
Como dato curioso, en tu visita podrás apreciar que tanto la arquitectura del museo como la zona destinada a la cata de quesos y la tienda, tienen forma de caja de camembert entreabierta.
La misma caja de madera donde se sigue guardando el queso camembert desde que ganó popularidad en el siglo XIX.