Muchas de las natas que compramos hoy en día se encuentran sin refrigerar en el supermercado, mientras que con otras nos preocupa romper la cadena de frío en la que se encuentran.
Tipos de natas
Nata líquida
Este tipo de nata es la ideal para cocinar. Es el aliado perfecto para acompañar tus platos de pasta, purés, salsas, carnes…
Hoy en día podemos encontrarla con dos texturas diferentes, Nata Cocina ligera que nos aporta todo el sabor de la nata pero con la cantidad justa de materia grasa, y que no resulta muy pesada a la hora de elaborar los platos, y Nata Cocina espesa, consiguiendo un excelente toque de sabor y una textura consistente que le dará el toque perfecto a la elaboración de tus recetas. Es perfecta para hacer salsas más espesas y para añadir rellenos o empanadas, ya que al no tener una textura demasiado líquida, se mantiene mejor.
Este tipo de natas están pensadas para realizar platos salados, ya que será imposible utilizarlas para montar en repostería.
Nata fresca
La nata fresca o agria comparte varias características con los yogures, pues ambos han sido elaborados a partir de microorganismos que ayudan a su fermentación, aportándoles este toque ácido y agrio que les caracteriza.
Se elabora a partir de leche entera y se necesitan un mínimo de 7 litros de leche entera para conseguir producir un litro de nata con un 30% de materia grasa. En Président han desarrollado una receta natural de nata fresca llamada Crème Fraîche Président, que se caracteriza por una textura rica y melosa, dejando tiempo de reposo para que consiga mayor cremosidad.
Nata para montar
La nata para montar es la más utilizada a la hora de elaborar postres o como decoración en ellos. La nata montada se elabora con leche entera y sometida a un tratamiento de UHT para esterilizarla y dejarla lista. Suele estar ya azucarada y se presenta en forma de spray o brik, que al batirla adquiere la textura montada.