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Queso Tête de Moine

Descubre todos los secretos del queso suizo con la presentación más elegante

Origen del Tête de Moine

Elaborado desde el siglo XII, estamos ante uno de los quesos más famosos por su original manera de ser presentado, en forma de rosetas.

Pero no es solo su apariencia lo que le convierte en un queso único, y es que se trata de un producto imposible de imitar, ya que su origen es cien por cien natural.

Conocido también como “Cabeza de monje”, el Tête de Moine se elabora con leche de vaca alimentada con los pastos naturales de los Alpes suizos, concretamente de los distritos de Franches Montagnes, Porrentruy, Courtelary y Moutier, por lo que consigue un sabor y un aroma único que no pueden encontrarse en ningún otro queso. 

Esta leche es completamente natural, por lo que no encontraremos ni antibióticos ni hormonas, consiguiendo que el Tête de Moine tenga su propia AOP (Appellation d'origine protégée).

 

Elaboración 

El Tête de Moine se fabrica en solo diez queserías rurales de la región y debe madurar al menos durante dos meses y medio, en estantes construidos con madera de pino. 

Se trata de un queso semiduro, elaborado en forma de cilindro, con un peso que ronda los 800 gramos.

Al elaborarse con leche cruda, consigue un sabor más intenso. Además, cuenta con más vitaminas y encimas que ayudan al sistema inmunitario.

Como dato curioso, es apto para intolerantes a la lactosa y celíacos. 

Corte y presentación

Para disfrutar del Tête de Moine no necesitamos la ayuda de ningún cuchillo, ya que este queso no se corta, sino que se raspa. 

Para ello, necesitamos un instrumento llamado la girolle, inventado por el suizo Nicolas Crevoisier en 1982, que le aporta esa característica forma de flor a la hora de presentarlo.

La invención de esta curiosa forma de raspar el queso se debe a que los monjes que vivían en la Abadía de Bellelay, acudían por la noche a la despensa para disfrutar un poco de este queso y con este método, no se notaba tanto que se lo estaban comiendo. 

Así, descubrieron que con este tipo de “corte” el sabor se intensificaba mucho más gracias al contacto con el aire. 

Pero ¿es posible cortar otros quesos con este mismo mecanismo? La respuesta es ¡no! Primero, porque los suizos defienden que solo puede utilizarse la girolle con el Tête de Moine por la consistencia de grasa que posee y segundo, porque también está protegido por imitación el raspado en forma de flor.

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